8 de junio de 2025

Mi pequeño gran amor

 A veces me pregunto cómo es posible que algo tan pequeño, tan nuevo, tan indefenso… pueda contener en su pecho la fuerza de mil soles. Y entonces me acuerdo de ti. De tu primer llanto, de cómo abriste los ojos aquel día y yo supe, sin la menor duda, que ya no me pertenecía a mí la vida. Que mi corazón, mi rumbo, mis certezas… se habían quedado a vivir en tu cuerpecito diminuto.

Desde el momento en que saliste de mí —tan valiente, tan fuerte, tan tú— ya no hubo vuelta atrás. Éramos tú y yo. Un equipazo desde el primer segundo, como si en esa sala, en ese instante en que el mundo se deshacía para volverse otra cosa, nos hubiésemos dado la mano sin decir nada y hubiésemos dicho: “Aquí estamos, juntos. Pase lo que pase.”

Fuiste tú, minchiña, quien me salvó cuando el miedo me tenía tomada del cuello. 

A veces me he preguntado si de verdad existe eso que llaman un ángel de la guarda. Esa presencia que nos cuida sin descanso, que nos levanta sin hacer ruido, que nos abraza sin tocarnos siquiera. Y, sabes, yo ya no lo dudo. Porque si existe, yo lo encontré. Y no venía del cielo… venía de mí. Tú llegaste a salvarme. Desde el primer aliento que soltaste, supe que no eras solo un niño: eras mi guía, mi empujón, mi cuerda en medio del abismo. No fui yo quien te protegió. Fuiste tú quien me sostuvo cuando no sabía cómo seguir. Fuiste tú quien me dio la respuesta que tanto temía dar, quien me empujó a elegir la luz en una nueva vida cuando más oscuros se ponían mis días.

Porque si todos cruzamos alguna vez con nuestro demonio, yo también tuve la suerte de toparme contigo… mi ángel guardián. Nunca fui yo quien te protegía… eras tú, con tu simple existencia, con tu amor incondicional, con tu mirar sincero desde tan chiquitito, quien tejía un escudo invisible a mi alrededor.

Porque tienes un corazón inmenso, hijo. Más grande que el cielo que nos cubre. Una bondad que desarma, una risa que cura, una forma de amar que no se aprende, que simplemente se trae puesta de fábrica.

Estoy orgullosa de cada uno de tus pasos, aunque parezcan tontos a ojos del mundo. Pero yo los he visto, los he vivido desde el primer día. He visto cómo aprendías a caminar solito, a dejar los pañales, a dormir en tu cama aunque me llamaras bajito cuando la noche te daba miedo. Te vi con el mandilón del cole por primera vez, y no sé si era yo la que se hacía la valiente, o tú. Porque siempre fuiste tú el valiente.

Y ahora te miro, con tus seis años, mi halconcito, y me cuesta creer cuánto has volado ya. Montando en bici, nadando sin miedo, poniéndote los patines como si fueras a conquistar el mundo, aprendiendo a hablar con esa voz tan tuya que a veces me asombra por todo lo que guarda.

Te has hecho grande, sí, pero sigues siendo ese ser luminoso que nació con el amor más profundo que he sentido en la vida. Un amor que no pide nada, que no pone condiciones, que simplemente se da. Un amor que me ha hecho mejor, más fuerte, más humana, que me ha enseñado lo que significa ser mamá. Un amor que me curó.

Tus abrazos, tus besos, tus miradas —desde que eras un bebé y ahora también— han sido y siguen siendo mi mayor tesoro. No hay joya en el mundo que brille como tus ojos cuando me miras. No hay fuerza más grande que la de tus pequeños brazos rodeándome cuando intuyes que algo duele.

Y quiero que lo sepas siempre, incluso cuando crezcas y pienses que no me necesitas tanto, incluso cuando tengas la certeza de que lo puedes todo, que la vida esta controlada y la tienes en la palma de la mano, cuando decidas que ya no es necesario que te tenga de la mano, aun así debes saber que: aquí estaré. En cada caída, en cada duda, en cada sueño, en cada tropiezo y en cada victoria. Seré ese abrazo al que puedes volver, esa voz que te dice que puedes, porque puedes y podrás siempre, no lo dudes, ese lugar seguro en el que no se le cierra nunca la puerta, sólo cuando estés denteo y necesites que los monstruos queden fuera.

Tenerte, Lucas, ha sido el regalo más rotundo y hermoso que me ha hecho la vida. Y no cambiaría nada. No querría otro niño, otra historia, otro destino. Te querría a ti una y mil veces. Con tu risa y tus manías, con tu dulzura y tu energía, con tus miedos y tus conquistas.

Gracias, mi halconcito, por elegirme. Por salvarme sin saberlo. Por seguir volando sin soltarme del todo.

Siempre, siempre, siempre te querré hasta Yakutake.

16 de mayo de 2025

Aunque no lo entiendas, prometo.

Te amo aunque no lo entiendas

A veces mis palabras se pierden, y mis gestos no alcanzan. A veces parezco distante o dura, pero detrás de cada silencio y cada muro, estás tú.

Tú, que no siempre comprendes lo que siento, pero aún así permaneces. Tú, que a veces dudas, y yo también... pero aún así seguimos.

No te amo como en los cuentos, ni como en las canciones; te amo como en la vida real: con errores, con días grises, con tropiezos.

Pero también con verdad, con esperanza, y con esa terquedad dulce de quien no se rinde.

Te amo incluso cuando discutimos, cuando no coincidimos, cuando parece que todo se tambalea.

Te amo, aunque no lo entiendas… porque este amor es mío, y también es tuyo, aunque no siempre lo veas.

Y sí, puede que no tenga todas las respuestas, pero tengo esta certeza: quiero seguir caminando contigo. Pase lo que pase.

A veces me pregunto si sabes cuánto te pienso, incluso cuando no estoy contigo.

Si entiendes que en cada gesto mío hay una historia que hemos vivido, una promesa que aún late.

Y aunque no siempre se note, yo sigo eligiéndote, incluso en los días en los que todo parece más difícil que de costumbre.

No te amo por lo fácil, sino por todo lo que hemos superado.

Por cada vez que nos encontramos después del caos, por cada abrazo que cerró una herida sin decir palabra.

No necesito que me entiendas siempre. Solo que me creas cuando te digo que te amo, que estoy aquí. Que no me voy.

Sé que a veces parezco impaciente. Que mis palabras pueden doler, o sonar más duras de lo que en realidad siento.

Pero no es desamor, ni es desinterés. Es miedo. Miedo a perder lo que tanto he cuidado.

Miedo a que tú no veas lo que yo veo. Miedo a que esto se nos escape entre los dedos por no saber decir las cosas bien.

Si pudiera abrirte el pecho por un instante, te juro que verías un corazón lleno de ti.

Uno que ha aprendido a latir con tu paz.

Uno que sigue aquí, aún cuando todo dice que podría rendirse.

Te amo aunque no lo entiendas…

Aunque no sepas cómo sostenernos, ni yo misma lo sepa, yo siguiré haciendolo hasta que me llegue mi último suspiro, sosteniéndote en mis pensamientos, en mis planes, en mi forma de nombrar el futuro.

Y eso, amor, no lo hace cualquiera.

Puede que este amor no sea perfecto, pero es real, y como siempre decimos, es bonito, porque así lo hemos construido, sano y hermoso.

Está hecho de piel que ha temblado, de lágrimas que han callado, de silencios llenos de significado.

Está hecho de pequeñas cosas: tus manos que siempre busco, tu voz cuando dice mi nombre sin enfado, de nuestra forma de mirar cuando nos olvidamos de estar a la defensiva.

No te pido que lo comprendas todo, ni que respondas igual.

Solo que no dudes del amor que sigue aquí, firme, a pesar de todo.

Porque hay algo en ti que me sigue llamando, algo que ni tú sabes que tienes, pero que a mí me hace quedarme.

Te amo… con lo bueno y con lo malo.

Te amo cuando sonríes y cuando callas.

Te amo...

Y si alguna vez decides marcharte, decides bajarte de esta montaña rusa, no te llevarás solo tus cosas.

Te llevarás una parte de mí que ya no podré recuperar.

Porque tú, sin saberlo, has dejado raíces en mi forma de sentir, en mi forma de mirar el mundo.

Todo lo que soy hoy, lleva un poco de ti. Incluso las heridas que aún duelen, incluso las risas que me salieron sin querer.

No estoy aquí porque me sobre el amor. Estoy aquí porque contigo aprendí que amar es elegir cada día.

Incluso cuando no hay música, ni flores, ni películas con finales felices.

Estoy porque en medio del cansancio, del orgullo, de las discusiones absurdas, sigo viendo algo en ti que vale la pena.

Me quedaré mientras haya algo que cuidar, algo que reconstruir.

Porque sé que el amor no siempre es un refugio tranquilo, a veces es un campo de batalla donde dos personas aprenden a luchar juntas, no una contra la otra.

Y yo sigo luchando, no por costumbre, no por miedo a la soledad, sino porque creo en esto.

En nosotros.

Te amo, aunque a veces parezcas no notarlo.

Y ese amor no es débil, no es sumiso, no es resignación. Es un amor que decide quedarse, aunque tenga mil motivos para irse.

Es un amor que grita bajito, que no hace teatro, que no exige lo imposible…

Solo pide una mirada sincera, una mano que no suelte, un silencio que no se llene de muros.

Y cuando me ves callada, no estoy lejos. Estoy conteniéndome.

Estoy tratando de no decir algo que hiera, de no soltar palabras que después se claven en ti.

Porque conozco tus heridas, aunque no me las cuentes.

Porque aprendí a leerte sin que me hables, porque esa puerta me las has dejado abierta y puedo entrar.

Me gustaría que un día pudieras ver todo lo que no digo. Todo lo que callo por amor, tambien me gustaría ver lo tuyo aunque lo tema.

Porque a veces amar también es eso: tragar el orgullo, morderse el miedo, quedarse un poco rota para no romper al otro.

Y aquí estoy, con todo lo que soy, imperfecta, torpe, sensible, pero honesta.

Con este amor que no presume, pero que resiste.

Que no suplica, pero que espera.

Que no es perfecto, pero que sigue aquí, sin pedir permiso.

Te amo, aunque no lo entiendas.

Y quizás nunca lo entiendas del todo, pero eso no cambiará lo que siento.

Porque este amor no se rinde. Este amor eres tú.

Y si algún día todo se pone en duda, si te preguntas si esto fue real o solo una ilusión, recuerda que hubo una persona que te amó sin medida, sin condiciones, con todo y a pesar de todo.

Una persona que te eligió incluso cuando no era fácil, que no te soltó cuando lo sencillo hubiera sido irse.

Que apostó por ti sin garantías, viviendo el ahora, tirándose al vacío por tí y contigo, sin saber si al final de la caida hay un rio o una colina, si el paracaidas funciona o las alas que guardas nos salvarán a los dos.

No sé qué caminos nos quedan por andar, ni cuántas tormentas aún nos esperan.

Pero sí sé que, mientras tú sigas aquí, yo también estaré.

Con mis fallos, con mis dudas, con mis silencios… pero con un amor intacto, vivo, entero.

Porque hay promesas que no necesitan testigos, ni firmas, ni fechas en un calendario.

Solo necesitan un corazón valiente dispuesto a cumplirlas cada día.

Y la mía es esta, clara, sencilla y eterna:

Te amo aunque no lo entiendas y prometo amarte por siempre.


21 de octubre de 2022

Contigo siempre

 Sígueme hasta el final del camino... Parece tanto y tan aterrador cuando lo oyes por primera vez.. aun así mis ojos se clavaron en los suyos y en aquel instante todo ruido enmudeció, solamente mi corazón era quien de quebrantarlo con el galopar constante que me llevaba a caer en el abismo de aquellos iris azabache. 

Mi mano se tendió a la suya en un acto involuntario, "¿Pero qué es esto?, ¿Acaso hay alguien más aquí moviendo los hilos?. Frena, frena ahora mismo", mi cabeza gritaba desesperada, con órdenes vacías, hacia aquella extremidad rebelde, la cual reposaba ya, entrelazada en la suya. Era demasiado, no podía negar que el miedo me invadía, pues la aventura a la que me presentaba asumía unos riesgos que, hacía poco, juraba no volver a aceptar, aun así... era tan reconfortante estar ahí, a su lado.... 

Alcé la vista y me percaté de que una dulce y delicada sonrisa inundaba ahora su cara, y en una fracción de segundo, sus labios recitaban la frase que nunca olvidaré "Así siempre, hasta el fin del mundo".

Estaba claro, era una locura!, mi cabeza no podía entender la desobediencia total de todo mi cuerpo y alterada buscaba una salida, pero mi corazón estaba en pausa, profundamente sumido en un mar de tranquilidad y haciéndose con el control absoluto de la situación, mis labios sonreían bajo sus órdenes, mis ojos grababan cada imagen para el recuerdo y mis pasos, firmes y constantes caminaban a su par, de la misma manera que caminarían el resto de su vida.

Y fue ahí, justo ahí cuando hubo un click, las luces se apagaron en el panel de control, la cabina quedó sin comandante, solamente aquel intrépido capitán dirigía, dejé de pensar, en los "y si", en los "puedo o no puedo", en los "segura?", sólo sentí, me sobraba incluso algún sentido, pues podía cerrar los ojos y sentir aquella paz, como si estuviera en casa, así que fue lo que hice, sentir... Y ahí estaba, frente a mí, lo vi tan claro como el día, ese brillo purpúreo en su hombro... Ahí estaba era la señal, era él, mi amor, mi único amor, frente a mí, mi otra mitad, mi Anam Cara!. "Qué te pasa?", me preguntó, pues había notado un cambio en mi expresión, agité la cabeza, respire un segundo y esbozando una amplia sonrisa, respondí escribiendo en la arena, lo que mis labios no eran capaces de asumir..."Te amo en esta y en el resto de mis vidas"

Desde aquella, mi amor,no hago más que apagar el control y dejarme llevar. Desde aquella no hago más que sonreír y vivir. Desde aquella no hago más que ser feliz a tu lado. Desde aquella nada más que compartir contigo esta y el resto de mis vidas, mi amor. Te Amo

27 de julio de 2021

Despedida

Cada minuto con él pasaba como una milésima de segundo, ¿por qué no puedo ver esos hermosos ojos cuando caiga mi día?, ¿no sería hermoso que eso fuera lo último que viera y lo primero que encuentre cada despertar?. En verdad sentía que por cada momento que pasaba, mi corazón se aceleraba más y más pues sabía que más cerca estaba aquella despedida, esa en la que no deseaba caer, pero por mucho que mi deseo fuera parar el tiempo allí, en ese remanso de paz, que eran sus brazos, sintiendo su piel cálida y suave, sus besos, su olor, todo eso que me hacía envolverme de él y no querer soltarme... El despreciado momento al fin llegó... de ahi ese abrazo que no quise darle porque sonaba a un adiós que mi cuerpo odiaba pronunciar... 

Los besos llegaron a su fin, las miradas pronunciaron un sincero te quiero, nuestras manos se abrazaron en un tierno hasta pronto y detrás de sí, la puerta se cerró... Enfrascada en un mar de hermosos recuerdos juntos, y conduciendo casi de memoria, descubrí que cada día el camino hacia casa se me hacía más difícil cuando miraba a mi lado y no estaba allí. 

-¿Qué te pasa?, te comportas como una niña pequeña? -me reprochaba a mi misma-, Pasa que no quiero vivir sin él, pasa que lo he encontrado al fin y no quiero separarme de su lado, pasa que si lo tengo conmigo y soy feliz ¿por qué entonces debo alejarme de él? No lo entiendo, ¿acaso no ves que es una absoluta contradicción?, es tener la vida y dejarla, tenerlo todo y dejarlo...

Pero hoy ha amanecido un nuevo día, y aunque mi cuerpo se aferraba a la idea del sueño de tenerlo entre mis brazos al despertar, una sonrisa se dibujó en mi rostro y entre susurros declaré... "Dulce despedida, querida y odiada compañera, tú que tantas y tantas otras veces te has hecho protagonista en mi vida, sé que no puedo luchar contigo, siempre acabarás haciendote presente, pero déjame decirte algo, hoy he descubierto que por mucho que luches, en esta batalla has perdido, nuestros cuerpos se separan, es obvio, pero mi corazón se queda con él igual que yo siento el suyo conmigo, somos una misma alma, al fin nos hemos encontrado y nunca podrás contra el amor que nos profesamos, así siempre, hasta el fin de la tierra, aunque separados, siempre juntos, pasaré el resto de mis días consigo"

28 de abril de 2021

Cordel

El día que te conocí, como mágica fue la sensación de atracción que tuve, -levanta tu interés, ¿y qué?- mi cabeza, intentaba ser fría, frente a ese algo nuevo que vivía cada día, mientas ansiaba esos escasos 5 minutos en los que podía retenerte cerca de mí. 

Pasó el tiempo y después de casi perderte, volvió esa mágia con la posterior sensacion de paz y felicidad que me aportaban tus visitas, esos abrazos que incluso me hicieron soñar, siendo testigos de cómo el mundo se paraba entre ellos, tu voz, tu mirada, todo tú... Símplemente tú -¿pero que tiene de especial?- de nuevo mi mente buscaba con sus reflexiones serenar a mi cuerpo, que deseoso de seguir compartiendo momentos contigo, hacía galopar a un corazon desbocado tras tus pasos saliendo por el marco de la puerta de aquel local. 

Hoy al fin, amor, tengo las respuestas, y me pregunto,¿Cuántas veces lo habré hablado, escrito o incluso soñado?, ¿Cuántas para no darme cuenta de que ese sueño se había hecho realidad?, Pues, es hoy cuando al mirarme la mano, desnuda sin ti, veo nítidamente ese cordel rojo que une mi vida con la tuya, hoy veo pues, con ello, que he estado buscándote y nunca lo supe. 

Me imagino cuánto he caminado sin rumbo hasta este momento, ¿cuántos años habré estado intentando encontrarte?, ¿cuántos cientos?, ¿cuántas vidas?, Condenados a separarnos en cada una de ellas y con el firme propósito de reencontrarnos en la siguiente. 

Cuando dos almas así se unen, el simple hecho de no tocarse suena más que distante, pues un calvario han vivido sin volver a cruzarse y ahora, al fin, encontradas en esta otra vida, ruegan reposar una junto a la otra. Duro y difícil su trecho hasta aquí, inimaginables amaneceres sobrellevados con la esperanza de descubrir, tras alguna mirada furtiva, ese desconocido portador de la mitad que les falta. 

Dejémoslas pues, fundirse en una, pues una son, de ahí la paz que siento siempre a tu lado, agusto, protegida, serena y plena...  de ahi que pudiera jurar que sólo con tenerte conmigo estoy y estaré, al fin, "en casa".

6 de abril de 2021

Dias nublados

 Y hoy perdiste las fuerzas, esta niña disfrazada de superman se quedo sin traje y vulnerable como las hojas en las copas mas abandonadas de los arboles, en pleno invierno, temblaba pensando en que no queria vivir ese proximo momento que le atormentaba. Que haces pequeña? Por qué no te das cuenta de que no es necesario pasarlo mal? Por qué no abres los ojos y anclas tus pies hoy, donde te protegen? Por qué mi niña hoy no eres capaz de estallar con una sonrisa a todo aquello que intenta nublar tu vida? 

- Hoy quiero que todo esto acabe ya, necesito no volver a sentirme asi, necesito respirar tranquila y proyectar solo aquello que me brinda una mano fuerte, que tengo la suerte de tener a mi lado todos los dias, paz, amor, ilusion y felicidad. 

Hoy perdí mi traje si, lo asumo, los musculos hinchados que creaban mi coraza se deshincharon sin haber descubierto el punzon causante de tal suceso, pero aun asi mis fuerzas, las verdaderas de mi propio cuerpo, fuera de disfraces, pese a haberse visto indefensas y fragiles sin un armazon siguen ahi, intactas, mis ojos pueden volver a mirar hacia arriba buscando la luz esperanzadora del mañana, mis pies aun resisten para caminar sobre este paso pedregoso, cargando todavia esta mochila que pronto, muy pronto, al fin será liberada.

Lloré, hoy lloré al ver el final del trayecto tan cerca y no poderlo pisar al fin, hoy lloré y me sentí debil, hoy lloré al ver cuan escarpada habia sido la subida hasta aquí, al ver la cantidad de veces que caí, hoy llore al sentir mis heridas, pero he de reconocer que alguna de esas lagrimas fueron de emocion al saber que al fin estoy a un paso de acabar, al saber que esas piedas me han hecho mas y mas fuerte y pese a las heridas sangrantes que hicieron brechas en mis piernas, nunca me quedé allí, así que sí, hoy lloré, pero decidme quién no lo haría? pues al continuar y pisar cada día hacia la luz del final de partida, descubrí a esa mano de la que hablaba, esa mano fuerte que desde hace un trayecto me acompaña, esa que me hace sanar mas rapido aun, las heridas ya cerradas, esa que me da estabilidad y me empuja a mirar hacia allí, hacia esa felicidad que me brinda cada vez que compartimos un tiempo, aquella que porta la persona con el corazon mas grande que nunca pude imaginar, y que me hace enloquecer y tener momentos de absoluta paz a partes iguales, que me hace temblar, que me hace soñar, que me hace desear besar la sonrisa mas hermosa que conozco y que me hace sentir que soy la persona mas afortunada en el mundo por haberlo encontrado.

Díganme entonces, señores del jurado, repito ahora la pregunta y díganme sinceramente para terminar mi defensa.. Quién de ustedes, en mi piel, no habría llorado hoy?



14 de marzo de 2021

Finis terrae

 Y allí donde el cielo caía ante el infinito mar haciendose uno, allí donde poco hay mas hermoso que la fuerza embravecida de aquel mar que reposaba sereno bajo nuestros pies, te abracé, y sentí que era perfecto, al fin juntos, sin las manecillas del reloj jugando en nuestra contra, sintiendo el calor del sol en nuestra piel haciéndonos recordar que el día se había iluminado para nosotros contra todo pronóstico, allí te besé, mis labios no podían separarse de tu piel y jugaban ilusionados recorriendo el camino de tu cuello a tus labios, mientras sentía cómo tu respiración se entrecortaba.

Por un momento mi corazón acallaba, mecido por el arrullo del mar, estaba hace apenas escasos minutos tan nervioso como ilusionado y desbocado, cabalgaba cada vez que me sonreías... Pero ahora, adormecía sereno en un precioso silencio... Silencio que no parecía incomodarte, es mas, disfrutabas escuchando junto a mi como si de la misma divina comedia se tratara. 

Reparé a mirarte, tus ojos seguían el vuelo de aquellas gaviotas que libres, sobrevolaban el azul del mar, quien fuera sólo por una vez una de ellas... Sentí tanta paz... la felicidad me inundó el alma incluso más fuerte que en otras ocasiones a tu lado. 'Es tan perfecto' pensé 'que sólo puede ser irreal' ... Pero no,  no era un sueño, si así fuera, aquel pellizco disimulado no me hubiera molestado... 'Abre los ojos pues, pequeña y mira, abre tus oidos y escucha, abre tus brazos y siente, pues éste es el momento en el que has de vivir el presente, que no se escape sin haberlo saboreado' . Con esa premisa pasó el resto del día, y por ende, las horas que me mantenían a tu lado. 

Sólo con el recuerdo me quedo y sonrío; tu voz susurrandome entre besos que te encanta, tu hermosa sonrisa, mi caballero, luciendo radiante hasta el ocaso, tus abrazos, tus caricias, tu calor, el deseo de tenerte, miradas cómplices, decenas de anecdotas compartidas, cientos de risas embriagadas, sólo con eso me basta para desear que de nuevo, a tu lado, pueda dibujar otro día tan irepetible como hoy. 

Mil veces dulces noches mi Julieta, mil veces feliz hoy


2 de febrero de 2019

Pensando en ti

Tengo en la cabeza metida tu imagen.Tus ojos llenos de amor contemplándome simplemente, haga lo que haga... y dibujando poco a poco una media sonrisa en tu cara, siempre fue ella mi mayor regalo.

Pocas personas en esta vida, me han hecho sentir lo que tu me has hecho sentir en su día, tan pocas, que si no me diera miedo diría que ninguna, y es ahí cuando te echo de menos, es cuando echo de menos esa cara, esa media sonrisa, esos brazos que definieron mi casa, mi cobijo, mi guarida, donde nada pasaba y donde nada podía herir ni un poquito de mi vida, ya se que es tarde, pero el tiempo no olvida, solo te hace más fuerte e intenta curar las heridas. 

Hoy todavía te tengo presente, largos momentos de "y si...?" se hacen eco en mi mente. 


Siempre he oido que nunca es demasiado tarde, mas hoy creo que si lo es, pues las respuestas que encuentro siempre son tan ireales como dolorosas. 

Miro, abro los ojos y miro, observo como mi mundo entero ha cambiado, ya no soy la que era, ni mi reflejo me habla de mi, quizá haya ganado en algunas cosas, pero por el camino me he perdido y he abandonado tantas otras... aun así mi mochila sigue cargada de pesos con los que no quise cargar, nadie hay que me ayude a portarlos... Y es aquí, justo en este punto donde ese gran "y si..?" viene a mi. Quizá tu, si me hubieras ayudado, quizá cargaras sobre ti incluso el peso de mi propio cuerpo para caminar hacia ese empedrado, que todos tenemos que cruzar, juntos sin dejar que me hiciera daño... Y si no te hubiera dejado atrás?. Siento tanto habernos lastimado... 

Si es cierto que existe ese lazo rojo, si es verdad  que siempre puede el destino, si no engañanan aquellos que afirman que dos almas gemelas siempre acaban unidas, sólo te pido querido camino empedrado, que no acabes conmigo, pues allí al final encontraré el mejor de los destinos.

3 de febrero de 2017

Mirar atrás

Acalló la luz y allí estaba ella, en la sombras de una oscura habitación, murmurando su nombre entre lamentos. ¿Por qué dolía tanto una pérdida de algo que nunca se había tenido?. Si echaba la vista atrás, era capaz de ver todos esos años al lado de un "alguien" que nunca había conocido, y... quizá era eso lo que más le dolía.

-"Relájate, respira hondo, sólo es la rabia lo que aflora en ti en forma las lágrimas que sientes"- decía algo dentro de sí, para intentar apaciguar ese momento de una forma racional.

-¡NO PUEDO!- gritó con un quejido ensordecedor que hizo retumbar las paredes de la habitación. -NO PUEDO- repitió bajando el tono hasta casi un susurro -No puedo olvidarle, no quiero perderle, no así, no es justo, qui........- cada palabra ahogaba la anterior y parecían cada vez más difíciles de ser pronunciadas, la frase murió en sus labios, ahogada por su propio llanto.

Realmente aquella no era una situación sencilla, al contrario. Después de unos largos minutos, aquellas lágrimas se secaron, y su semblante se tensó frío y recio, apagando la luz de su mirada; encendió nuevamente la luz, de un salto se incorporó de la cama y cogió desesperadamente un boli y un cuarderno.

-"Querido Daniel!...."- comenzó a escribir temblorosa, mientras que por cada palabra su pulso se asentaba. -"No sé como has sido capaz de hacerte esto, de acabar así tu vida, de la única forma que detestabas, contra la que luchaste durante estos 23 años de vida. No puedo entenderlo"-. La muerte de aquel joven, víctima de sobredosis no era entendible a sus ojos, después de todo, su familia ya había perdido a su hermano en iguales circunstancias, y aquel, había sido el detonador para que un niño, aquel niño; que hoy yacía en el suelo de una fría habitación de hotel 10 años después; luchara disfrazado de guerrero, impulsado por su experiencia, contra el comportamiento de aquellos, que de forma natural, se burlaban de las posibles consecuencias que les podía conllevar el tema de las drogas y asumían como una experiencia insignificante más de vida. 




-"Sólo soy capaz de verte peleando contra ellos, dialogando, trabajando con tu discurso su manera de ver el mundo, ayudando y aconsejando para que abrieran los ojos ante la realidad de la que no eran conscientes [...] Pienso en ti y veo tus ojos azules, como el más bello cielo de primavera, casi al alba, llenos de vida y luz, esa luz que me enamoró desde el primer día y me hizo cautiva mil y una veces del abismo de tu mirada. Ellos eran mis fuerzas, ¿sabes?, tú lo eras. No puedo imaginarme cómo has podido ser capaz de apagar su grandeza sin más, ¿por qué los has secado borrando su luz?, explícamelo, te lo exijo..."- Su mandíbula se cerró con fuerza y se apretó haciendo incluso chirriar los dientes, en un vano intento de contener las lágrimas, pero aún así, éstas de nuevo brotaron de sus ojos cansados, cayendo en picado hacia la muerte en aquella última carta, en aquella carta, la número 61 de su relación y que sabía que nunca podría ser remitida.

Suicidio, no podía dejar de pensar en esa palabra, no era otra cosa más que eso, nunca sería entendido de otra forma para ella. Pese a que en los últimos dos años Daniel le había demostrado ser una persona distinta a la que ella creía conocer desde su tierna adolescencia y tras haber pasado 4 años juntos, nunca hubiera apostado por aquel final, ni siquiera en la peor pesadilla hubiera cabido esa posibilidad, pero en cambio, así era. -"Agradezco no tenerte delante en este momento, porque, si así fuera te mataría yo con mis propias manos [...] Me hiciste creer en ti, ¿sabías eso?, pese a todo, tu fuiste mi gran amor, hoy día el daño ya había desaparecido y sólo quedaba en mi recuerdo lo bueno que habíamos vivido, las risas, las caricias, los juegos, los besos, el amor ése que sé que puedo apostar firmemente por su veracidad sin miedo a equivocarme... Ya era capaz de mirar atrás y sonreír, sonreírte, pues aún de lo malo que he vivido con o por ti, pude sacar algo en claro y aprender, pero, ésto... ésto no, me niego a que sea así como termines, a que sea así como acabe todo, a que mis últimas palabras a aquel primer amor, mi maestro, sean 'Para mí ya estás muerto', nunca pude solucionar eso, no había tenido el valor suficiente como para volver a hablarte, a hablarlo... No me abandones así ahora, no lo hagas... Quiero y necesito pedirte perdón por ello, quizá por eso haya comenzado esta carta..." -

La habitación estaba caliente, algo normal en aquella casa, pero ella no paraba de temblar y estremecerse. En su pequeño cuerpo, una guerra se hacía visible, su corazón, cual caballo desbocado, trotaba galopando sin tregua, destapando sentimientos que ya habían sido enterrados y su cabeza, fiel a sus principios y dignidad, no aceptaba pasar por el aro, mientras tanto, tristeza, soledad, dolor y miedo caminaban de la mano cantando una dolorosa nana que hacía insignificantes las discusiones entre las dos partes enfrentadas. -"Sólo dime qué debo hacer, ¿Cómo comportarme ahora?, después de todo este tiempo, de lo vivido, dime, una vez más necesito tu consejo".-


Recordaba aquello como si hubiera sido ayer, y hoy, después ya de 3 años; cuando pudo armarse del valor suficiente como para poder enfrentarse a aquella familia que un día sintió como suya, frente a aquella niñita, que ahora ya casi era una mujer y la cual portaba la esencia de la mirada de su hermano Daniel; se desplomó, las piernas no le sostuvieron acabó rendida en el suelo de aquel cuarto en el que tanto tiempo había pasado; poca cosa había cambiado, las cortinas no eran iguales y alguna foto de lo que él llamaba 'El muro del recuerdo' se habían caído por el tiempo y descansaban en una pila sobre el escritorio verde, si aquellas paredes pudieran hablar...; -Tranquila- le susurró Verónica acercándose a abrazar en el suelo a quién desde sus 11 años denominaba su hermanita postiza -Está todo bien, es normal, te dejaré tu tiempo- remató saliendo tras la puerta intentando contener las lágrimas.

Y allí seguía, después de varios minutos que parecían horas, las manos seguían temblándole y sus piernas aún no respondían, la mirada fija y perdida se fugaba entre las sombras borrosas que le producían las lágrimas ancladas en su córnea. Hacía ya 30 minutos había cruzado el umbral de la puerta principal y ahora estaba en el suelo del dormitorio, con 2 folios escritos de puño y letra de Daniel, para ella, una carta que nunca recibió y escrita pocos días antes de su muerte. Según Verónica, cuando su madre y ella pudieron reunir algo de valor, vaciaron el armario de aquella habitación y entre su ropa favorita la descubrieron, decidieron no tirarla y pensar en cómo hacérsela llegar, después de todo, era ella la destinataria, -Él lo hubiera querido así- le dijeron mientras, aprovechando el momento, se la dieron en mano. 

-"Querida nana"- así empezaba su discurso escrito, hacía tanto que nadie la llamaba así... -"Te echo tanto de menos, he sido un completo estúpido y hoy lo veo, puede que nadie más me haya hecho tan feliz como tú, puede que nadie me amara con más fuerza e incluso; ésto te lo aseguro; nadie ha sido un apoyo tan fuerte como lo has sido tú, luchando por y conmigo incondicionalmente. Hoy veo que puedo decir que a tu lado VIVÍ, SENTÍ y AMÉ como nunca, que contigo fui YO y sin ti me veo perdido, nada más frente al espejo que un cuerpo sin alma. Lo peor y mi castigo es saber que nunca podré recuperarte, por todo el daño que he hecho y por la confianza que con mis propias manos he destruido, así que de algún modo, he de vivir con ello. 

Ayer te vi, ibas con ese chico que ahora coge tu mano con firmeza y te hace tan feliz como para que cualquiera, en este caso yo, desde la otra acera, podamos ver la luz que emana de tus ojos. No me acerqué, fui un cobarde, pues sólo te haría daño y ambos sabemos que yo para ti... estoy muerto... ¿no es así?, pues hubiera sido tan desagradable como ridículo.





Juro que si se me concediera otra vida a tu lado o pudiera volver atrás sería yo el que aún siguiera sujetando tu mano al caminar y como críos, entre risas, jugáramos saltando las líneas de las baldosas de las aceras, sería yo quién para despertarte de esos respiros de silencio, que a veces necesitabas y denominabas como tus 'Kit-kats', le hablara, mi dama, como si estuviéramos en una época completamente diferente.  

Te echo tanto de menos, y a la vez, tengo tanto miedo de estar recordando a alguien que ya no eres... temo haber destruido algo, por mínimo que fuera que significara que he destruido a esa criatura cuasi-perfecta, o imperfecta de la que estaba completamente prendado y que me hacía FELIZ. Tú, mi querida nana, te llevaste contigo a ése niño que era, contigo está ése alguien que era la piedra en la que podías apoyarte, ese soldado, ese que nunca estaría perdido, pues cual estrella polar, te guiaba. Es por ello que espero que nunca lo hayas olvidado, porque ése soy y ése fui siempre, tu me ayudaste a ser aquel superhéroe de viñeta, gracias a ti pude serlo. 

PERDÓNAME nana, por haber sido tan estúpido de no haberlo visto hasta ahora [...] TE QUIERO AMOR; TE QUIERO NIÑA; TE QUIERO MUJER; TE QUIERO MADRE; TE QUIERO Y TE AMO. 

Adiós para siempre, adiós como nunca. Adiós de corazón, siempre te llevaré conmigo"



-CONTINUARÁ-

28 de diciembre de 2015

Dulce despedida

Como me gustaría poder sentarme a tu lado ahora mismo y escucharte hablar, aunque no diga nada, aunque ni siquiera me puedas ver, callada, sólo quiero sentirte, verte y conocerte de nuevo, con cada palabra, con cada sonrisa, con cada mirada; quiero despertar de este sueño sin fin, quiero ser y estar, quiero poder probar tu cariño una vez más, sé que me llenaría tanto…




Hoy al despertar, sentí que estaba dispuesta a recordar, nada fácil si soy sincera, pues el recordarte duele, la brecha más profunda y a la par la más liviana, ha sido la tuya; hasta el momento casi no he llorado tu ausencia, pues aún y de algún modo, te siento a mi lado; de todas formas, de vez en cuando mi cuerpo vuela por las noches hacia ese lugar mágico y ahora sagrado, donde descansas y los ojos se me llenan de lágrimas. En mi mente se repite una y otra vez aquel sentimiento de vacío, esa angustia, ese grito ahogado al verte caer al agua, y juntarte con un golpe sordo a aquella mar relajada que te esperaba cual cuna, para abrazarte, guardarte y protegerte; mas en tierra… aquellas caras… aquellas almas que quisieran también, esperar a que volvieras. Si pudiera volver, intentaría darles fuerzas, pues en ese momento ni siquiera tenía las suficientes para sostenerme en pie; todos queriendo ser fuertes por los que teníamos al lado, y sintiéndonos acogidos por ellos mismos, sólo faltabas tú, y también estabas allí… fue así como entonces, mirando al vacío, sobre una manta de rosas, nos despedimos, en silencio, con dolor, pero con mucho amor; cada uno de nosotros pronunció para si un último y dulce TE QUIERO y un duro y penúltimo ADIOS. 

8 de noviembre de 2015

Dibujaré la mirada que se precise en cada momento

Cierro los ojos y de repente la nada se hace todo, el pasado vuelve y el presente se hace más doloroso, -"Mantente ocupada"- grita un duende bondadoso en mi interior; ¿Cómo hacerlo, si de la misma forma que me enfrento a mis trabajos, no soy quién de realizarlos?; los siento como montañas a las que debo trepar sin arneses ni cuerdas de seguridad, sobre las cuales resbalo, una y otra vez cuando estoy a medio camino de la cumbre, teniendo que reanudar la marcha con una magulladura más por cada caída.

¡Quién fuera pájaro para sobrevolar sus cumbres y pasar con facilidad cualquier problema!, así que, esta vez, con un poco más de intensidad, cierro los ojos buscando el poder de ese pájaro que sé que guardo, pero los cajones y las estanterías que componen mi mente se desploman, haciendo que inevitablemente las lágrimas broten al ver entre todos los papeles caídos situaciones que jamás viviré y deseos y sueños con quienes no podrán ser compartidos.



PUM, PUM.... PUM!, explota mi corazón salvaje, intentado ser tranquilizado por mi parte más racional y fría. Ahora ya todo está hecho, nunca ha sido fácil ganar la partida con esta mano. Está bien, lo acepto, pero entonces, ¿Qué se supone que debo hacer ahora?; miro a mi alrededor y otras caritas, contagiadas por mis sentimientos se han llenado de tristeza, dolor y preocupación. ¡No!, éste no es el camino.... Y de nuevo oigo al duende, esta vez con una voz desgarrada -"Confía en mi, hay aquí un gran manantial de fuerza con la que podrás dibujar la mirada que se necesite ver en cada momento, aunque el corazón se esté resquebrajando. Lo primero es proporcionar tranquilidad, nosotros, con esta fuente, podremos recuperarnos con el tiempo".

15 de agosto de 2015

Av. Pág

... Así que la miró a los ojos y sin inmutarse le dijo que no, que ya nunca más la querría, que sus manos; que ayer le ofrecían sustento y calor; hoy eran unas completas desconocidas, sus brazos, ya nunca más serían su casa, y sus labios, tierno manjar divino, nunca volverían a rozarla. -¿Por qué?- preguntó en voz alta ella conteniendo su dolor dentro del pecho - Simplemente por ser prueba de que estamos vivos y todo pasa, todo cambia, nada permanecerá invariable por mucho que te aferres a ello pequeña,... ¿O es que no te das cuenta que ni siquiera yo soy el mismo?-


Sorprendida por aquella contestación, dio involuntariamente un paso atrás, insegura incluso de si misma -"¿Cómo que ya no era el mismo?"- Bajó la cabeza sintiendo cómo el corazón se le salía dolorosamente del pecho, nunca antes había tenido esa sensación. Por su cabeza pasaron miles de recuerdos hermosos de los cuales había sido protagonista gracias a aquel que tenía frente a si, casualmente en todos y cada uno de ellos rememoraba una única constante... unos ojos marrones acogedores, apasionados  y penetrantes que la miraban como si nadie más existiese, y que la llenaban de calor y paz, algo así como si se tratara de un superpoder oculto. -"Eso es,... "- pensó - "... tengo que comprobar si aún sigue ahí, si todavía guarda algo de amor en sus ojos".

Nunca antes un acto reflejo tan banal, como el de alzar la cabeza, le había resultado tan complicado y eterno, quizá fuera por el miedo a lo que podría evidenciar. 

Al fin lo consiguió, él continuaba plantado fría y distantemente frente a ella, y su pulso invariable conseguía que su respiración fuera una clarividencia de lo que sus ojos reflejaban, NADA, ni un sólo ápice de calor o de amor, era como si estuvieran frente a un completo desconocido. 

Pude comprobar como ella se retorcía en un escalofrío que le recorrió entera de arriba abajo y fue sólo entonces cuando entendió que verdaderamente nada permanece, así que sus ojos se enjuagaron las lágrimas, sin dejar de clavar su mirada en los de él; fue entonces cuando adivinó que nunca volvería a sentirlo como antes y sus manos, temblorosas, se cerraron con dureza en un puño; fue entonces cuando pacientemente decidió cerrar la puerta que le llevaba a recordarlo o a sentirlo querido y así, allí mismo, aquel corazón que cabalgaba sin mesura, por pura rabia y dolor, se endureció radicalmente convirtiéndose en piedra; no sería la primera vez.

Fue, sólo entonces, cuando al verlo desde fuera, sentí incluso que sus ojos se apagaban y como si me atravesaran con una lanza ardiente el corazón exhalé un grito ahogado al oír de los labios de aquella auténtica desconocida, cual robot -¡Ok!, Avancemos página. Adiós por siempre corazón. Ha sido un gran placer.


1 de mayo de 2015

Cuentos de piratas

Existen muchas historias de piratas, muchos cuentos en los que caballeros fornidos luchan en bastas batallas contra guerreros, titanes e incluso contra su propia muerte en forma de generales; más nunca se vieron piratas que sangren.

Hoy he visto sangrar a un pirata, lo he visto llorar y dolerse… Hoy a aquella criatura que yo veía como mágica y de la que una de forma extraña y maravillosa me enamoraba, se desmoronaba ante mis ojos. Ya nada tenía sentido para mí, ¿Cómo poder continuar luchando en mi vida, si aquel ejemplo al que me aferraba, ya no era garantía? –“Nada hay de garantía salvo la muerte”-escuché hoy de sus labios. 

Tan oscuro era su dolor,  que ni una pequeña luz de esperanza, lograban atisbar sus ojos. No es posible que aquel, que un día levantó del lodo todo mi mundo con la templanza de sus manos, caiga hoy, sin yo hacer nada, ¿Debo convertirme ahora en su ejemplo?, ¿Podré con mi insignificante mano levantar de nuevo ese velero, que tiempo atrás, le sustentaba?, ¿De dónde sacar la fuerza necesaria?...



Miro tu rostro y el miedo se escapa… Sueña ahora mi dulce pirata, súmete en ese mar de posibilidades infinitas, donde los orcos, trasgos, brujos, gigantes y piratas, aún ganan a las princesas encantadas de los cuentos de hadas. Sueña y duerme mi pirata, pues mañana has de despertar y enfrentarte, una vez más, a esta vida real, mas no te preocupes, yo seguiré aquí a tu lado, y daré hoy y siempre, por ti, lo que haga falta para ayudar a tu suerte.

Créeme dulce pirata, nadie perece por caer, por muy profundo que sea el abismo, hasta el más grande de los gigantes tiene derecho a hacerlo, pero de la misma forma que todos caemos, tenemos la obligación de levantarnos.

Toma mi pulso, cambiemos el rumbo, toma mis fuerzas, tengo de sobra, pues por fin he descubierto que gracias a ti la tuve, y por, y para ti, siempre la tendré.

8 de marzo de 2015

Un mes inolvidable

Como un pequeño pajarito que intenta comenzar a volar, me sentía entusiasmada y a la vez nerviosa frente a ese abismal vacío que me suponía el cambio de rol dentro de un aula.

Decenas de ojos mirándome, pensando en cientos de preguntas hacia mi persona y cientos de expresiones en sus pequeñas caritas. Así comienza todo…. Primera toma de contacto, primer recuerdo, intentando retener sus caras y sus nombres en mi mente… ¡Qué difícil me parecía de aquella!

Cada paso, una voz a mi lado empujándome y animándome a abrir las alas aprovechando las corrientes de viento. Por cada demostración, una enorme sonrisa dibujaba mi cara, había tanta belleza en su vuelo, y me  resultaba tan fácil y natural posada yo en aquella silla…. Pero cuando tenía que ser yo quién me propulsara con mis pequeñas y temblorosas alitas ni se acercaba en lo que en ella se veía. ¿Cómo lo conseguiría?



Pasaban los días y cada pequeña carita me contaba una historia y a la vez su vida y su forma de ser y pensar… era tan agradable conocerlos y formar parte de sus días… hablaban, reían, participaban acertando y también errando sin problema… tenía tanto que aprender de ellos, y ahora que lo pensaba, ¿Cuándo había perdido yo aquella espontaneidad?.

Aquellos pequeños me dieron a lo largo de todo el mes clases de responsabilidad, sinceridad, compañerismo, cariño incondicional, alegría, dedicación, bondad y solidaridad; cada uno con sus peculiaridades y cada quién con su propia realidad. De todos he aprendido y seguro que en el aire perdí sin intención otras lecciones fundamentales.

¡Ya está!, ¡Era eso!... De nuevo volví la vista aquella pajarito que desde el principio me había animado incansablemente a volar, tenía que estar segura de que realmente era esa la clave, así que abrí bien los ojos, orejas… todos los sentidos alerta… ¡Si! Ahí estaba… frente a mis narices, esa era la llave que nadie te enseña ahí fuera y la que hasta entonces, no había entendido como imprescindible para mantener estables y fortalecidas mis alas… ¿Cómo había estado tan ciega? Era ese perfecto ciclo de Enseñanza-aprendizaje, ese feedback con los pequelos… esa era la clave para volar con aquella grandeza con la que cada día me impresionaba, y era con esa base con la que podía también disfrutar de la docencia y de ellos…. Sonreí de nuevo. Perdón por no haber estado más atenta!




Así, una vez terminado mi cuento, vuelvo a la realidad de aula y entiendo, con una nueva visión, los fallos con los que espero luchar algún día. Muchas cosas me quedarán por atender, quizá alguna de ellas, por desgracia, no las aprenda nunca, pero si sé algo, por fin y es que después de mis 26 años de vida y después de haber comenzado esta frase un centenar de veces, ya sé el final… “De mayor quiero ser”: como esa pajarito que compartió conmigo tantas horas y que me dedicó su atención, abriéndome cualquier puerta sin miramiento, aquella que me dejó disfrutar haciéndome creer cada día en mí y en la enseñanza, aportándome un ejemplo palpable de perfil docente al que yo ya daba por perdido en nuestra sociedad pensando que estaba a años luz de nuestras aulas de Primaria, aquella pajarito con la que reí y disfruté con y de los niños, pues en el fondo también hay que poder ser como uno de ellos.

Gracias por tu ejemplo y por darme fuerzas para seguir con alguno de los estudios tediosos de esta carrera y gracias peques por hacerme sentir tan querida.

Gracias por un mes inolvidable

30 de diciembre de 2014

Sentimientos y recuerdos por cada esquina...

Me encanta llegar a esta casa donde he pasado la parte más dulce de mi vida y recordar cientos de detalles que espero nunca olvidar, sentarme en esta mesa, lo suficientemente justa como para sustentar un portátil y un pequeño block de notas, la cual me resultaba enorme en su día y en donde escribía, ya de aquella, historias increíbles con finales inusuales.

Las paredes ya no tienen el color de entonces, ahora parecen incluso más vivas, pero en ellas sigo encontrando los mismos dragones, niños, animales y corazones escondidos bajo el gotelé. Entre estas mismas cuatro paredes mis tardes de juego podían ser tan mágicas como llegara a imaginar y las dimensiones de la misma podían tornarse a mi antojo, llegando incluso a desaparecer y trasportándome a un bosque disfrazada de indio, cuya misión era acabar con los vaqueros y sus armas que escupen fuego. ¿Qué más podía pedirle a esta habitación marcada desde el minuto 0 con la huella de mi pie de 5 años? Que casualidad más maravillosa que la pequeña marca de una travesura infantil, como fue pisar en el parqué recién barnizado de una habitación al azar de una casa en obras, siga presidiendo 21 años después la entrada de mi habitación. ¡Pequeña loquilla con suerte! Aún hoy día cada vez que vengo a dormir la busco entre las marcas de la madera y sonrío sin poder evitar un brote cálido de felicidad inconsciente.


De esta parte de mi mundo material no sólo recuerdo ése pequeño gran espacio; salgo y veo la habitación maravillosa de mi hermana era tan extraña, grande y misteriosa!. Quizá por eso no paraba de desear poder revolver entre sus cajones en busca de pequeñas maravillas que observaba como mágicos trozos de tesoros de piratas, siempre bajo la atenta mirada de los gnomos y brujas, dueños y protectores de aquellas 4 paredes cuando mi hermana no estaba“No! Hoy no os podréis chivar! He conseguido robarle un boli amarillo y una goma y os vais a quedar calladitos sin decir nada o mis osos de peluche vendrán a por vosotros y os harán aún más grandes esas orejotas” – amenazaba la pequeña Billy la niña, en mi cabeza, mirándolos desafiante.

Siguiente punto… ¡La cocina! No sólo donde comía, sino también mi rincón narcisista, de estudio y de convivencia. Mientras comía mis ojos buscaban mi reflejo en el viejo microondas, casualmente colocado frente a mi asiento… era tan entretenido comprobar cómo se movían los mismos músculos para comer y para hablar… Me pregunto qué pasaría si esa vieja y gran mesa también pudiera hablar, ¡pobre!, la de horas que habremos pasado juntas ¿A cuántos exámenes podría haber asistido por mí?, soportó paciente horas de debate interminable con mi mejor amigo sobre el porqué de nuestros fallos con aquellas dificilísimas divisiones por tres números o en las odiadas raíces cuadradas, también gritos, discusiones, risas, decenas de cumples, de fiestas de patatas con mi hermana a la hora de la merienda, interminables juegos de “si fuera” … y aún hoy sigue sujetándonos con sus fuertes patas. Si existiera una única imagen sobre ella que guardar sería la de mi abuelo en la cabecera a mi derecha entre la puerta abierta y la pared, y frente al radiador con los ojos perdidos en pensamientos mientras mastica y yo me paro a pensar si estará bien o no, además del ritual de siempre… “Vámonos abuelo, que llegamos tarde al cole”- le gritaba desde la puerta, donde frente a un espejo enorme me calzaba los zapatos sentada en el suelo – “Tranquila, que no se te escapa el bus” – respondía siempre con la misma tranquilidad, mientras yo desde aquella perspectiva, veía su figura de espaldas envuelta en una nube de vapor de agua, sujetando una pota, mientras la fregaba a mil grados centígrados.

El calor siempre es algo que destaca en mi recuerdo cuando pienso en mi abuelo, sobre todo cuando paso a su habitación y pese a las actuales diferencias estructurales, aún puedo ver cómo sorbía los ponches en su taza de bigote, mientras yo me sentaba apampada pensando que eso sólo podía ser posible con superpoderes… si la habitación de mi hermana me encantaba, aquella era un verdadero paraíso… llena de armas y trofeos que un día soñaba con alcanzar aprendiendo a disparar “Cuando llegues a los 16 te enseño, pero aún eres muy pequeña, tienes que ser capaz de levantar esta escopeta tu sola” – decía. ¡Aquella escopeta! Ni que fuera tan fácil levantar semejante bicharraco, aun así nunca perdía la esperanza, yo quería ser tan buena “disparadora” como él y ganar premios llenando mi habitación de copitas. Pero lo que más me gustaba eran los tesoros escondidos del secreter, que en su día había estado ya en la habitación de mi hermana, pero que en aquella, él guardaba pins, cajas, papeles y sobre todo los dibujos que yo le hacía.

Frente a esa habitación mágica, la de mis padres, con esa cama tan grande y tan cómoda en la que todos los dolores pasaban y todos los mimos aumentaban a la vez que disminuían con las caricias de mami. Cientos de figuritas en la cabecera de la cama y el despertador de mi padre en la parte de la derecha, al lado de la ventana, donde me tumbaba yo y me quedaba dormida cuando mi madre ya no podía más con el día y ya me había leído el capítulo del libro que tocaba, o habíamos hecho una página del crucigrama correspondiente… la de veces que me habré dormido mirando para aquel despertador imaginando cómo se cambiaban los números con unas pequeñas pinzas que unos enanitos dentro del aparato colocaban poco a poco y encendían como si fueran tubos fluorescentes de luz.

Por último… la sala, donde montaba fiestas con mi hermana por cada merienda con un poco de patatas o palomitas con cocacola mientras veíamos “Blossom” o “Yo y el mundo”, donde usar la mesa grande de cristal podía semejarse a un regalo divino y donde mi imaginación volaba e imaginaba ser desde Baby, de “Dirty Dancing”, hasta Bella, de “La Bella y la Bestia”, pasando por la cantante de “Amistades Peligrosas” o la misma Laura Pausini… Eso sí, cuando llegaban los mayores, la peque sabía su lugar, siempre entre el abuelo que tenía su sitio en la zona más cercana a la tele, próximo a la puerta y papá, que se sentaba de frente a la tele en la punta contraria del cheslón, cerca de la terraza. Cientos de tratos con el abuelo para poder ver los dibujos mientras que él quería ver qué pasaba en el mundo, cientos de mimos en el colo de papi, el que recuerdo con más cariño, viene del día en que mi melena enorme y perfecta desapareció… recuerdo cómo antes de bajar a la peluquería mi padre me acariciaba con mimo y yo sentía que no quería moverme de allí.


Pequeños maravillosos detalles… Hay tanto en una casa, incluso en los sitios más tontos… un pasillo que servía de vía rápida entre la torta que me caería en la cocina y la salvación del baño, encerrándome y echando el pestillo… . Un baño inundado por la misteriosa desaparición de los cereales de chocolate que decidí no desayunar y colar por las rendijas del lavabo, hasta que no pudo más y profesionalmente abrí el desague con un destornillador de estrella… . Poner una velita para hacer bonito dentro de una cajita de cartón y plástico, típica de las joyerías, en la terraza y olvidarte de ella por estar jugando hasta el punto en el que casi incendias toda la terraza, incluyendo las plantas hipercuidadas de mamá, al obviar el comentario de tu mejor amigo “¿No te huele a quemado?” … . Jugar al escondite con tu abuelo por la casa como si fuese un palacio y trolearle con los sitios por donde dices que te has movido, aunque sean mentira, hasta conseguir librarte y volver a tocar la panda… . Bajar por el ascensor sabiendo que la melodía que escucharás será hecha con una llave en concreto del llavero del abuelo sobre el frio metal de la puerta del ascensor cerrada y sonreír siguiendo el ritmo con la cabeza… . Furar la pared del rocho con utensilios varios de carpintería, que tu padre un feliz día te dejó y tu destinaste en saber si se podrían comunicar dos edificios como en la película de “Fuga de Alcatraz”…

Reír, soñar, llorar, bailar, aprender, descubrir y crecer… Así fue mi vida aquí… Nunca querré olvidar nada de esto… ésta soy yo, gracias a todo ello estoy y soy así.

FUI FELIZ….SOY FELIZ…. FELIZ 2015