Como un pequeño pajarito que
intenta comenzar a volar, me sentía entusiasmada y a la vez nerviosa frente a
ese abismal vacío que me suponía el cambio de rol dentro de un aula.
Decenas de ojos mirándome,
pensando en cientos de preguntas hacia mi persona y cientos de expresiones en
sus pequeñas caritas. Así comienza todo…. Primera toma de contacto, primer
recuerdo, intentando retener sus caras y sus nombres en mi mente… ¡Qué difícil me
parecía de aquella!
Cada paso, una voz a mi lado
empujándome y animándome a abrir las alas aprovechando las corrientes de
viento. Por cada demostración, una enorme sonrisa dibujaba mi cara, había tanta
belleza en su vuelo, y me resultaba tan
fácil y natural posada yo en aquella silla…. Pero cuando tenía que ser yo quién
me propulsara con mis pequeñas y temblorosas alitas ni se acercaba en lo que en
ella se veía. ¿Cómo lo conseguiría?
Pasaban los días y cada pequeña
carita me contaba una historia y a la vez su vida y su forma de ser y pensar…
era tan agradable conocerlos y formar parte de sus días… hablaban, reían,
participaban acertando y también errando sin problema… tenía tanto que aprender
de ellos, y ahora que lo pensaba, ¿Cuándo había perdido yo aquella espontaneidad?.
Aquellos pequeños me dieron a lo
largo de todo el mes clases de responsabilidad, sinceridad, compañerismo,
cariño incondicional, alegría, dedicación, bondad y solidaridad; cada uno con
sus peculiaridades y cada quién con su propia realidad. De todos he aprendido y
seguro que en el aire perdí sin intención otras lecciones fundamentales.
¡Ya está!, ¡Era eso!... De nuevo
volví la vista aquella pajarito que desde el principio me había animado
incansablemente a volar, tenía que estar segura de que realmente era esa la
clave, así que abrí bien los ojos, orejas… todos los sentidos alerta… ¡Si! Ahí estaba…
frente a mis narices, esa era la llave que nadie te enseña ahí fuera y la que
hasta entonces, no había entendido como imprescindible para mantener estables y
fortalecidas mis alas… ¿Cómo había estado tan ciega? Era ese perfecto ciclo de
Enseñanza-aprendizaje, ese feedback con los pequelos… esa era la clave para
volar con aquella grandeza con la que cada día me impresionaba, y era con esa
base con la que podía también disfrutar de la docencia y de ellos…. Sonreí de
nuevo. Perdón por no haber estado más atenta!
Así, una vez terminado mi cuento,
vuelvo a la realidad de aula y entiendo, con una nueva visión, los fallos con
los que espero luchar algún día. Muchas cosas me quedarán por atender, quizá
alguna de ellas, por desgracia, no las aprenda nunca, pero si sé algo, por fin
y es que después de mis 26 años de vida y después de haber comenzado esta frase
un centenar de veces, ya sé el final… “De mayor quiero ser”: como esa pajarito que
compartió conmigo tantas horas y que me dedicó su atención, abriéndome cualquier
puerta sin miramiento, aquella que me dejó disfrutar haciéndome creer cada día
en mí y en la enseñanza, aportándome un ejemplo palpable de perfil docente al
que yo ya daba por perdido en nuestra sociedad pensando que estaba a años luz
de nuestras aulas de Primaria, aquella pajarito con la que reí y disfruté con y
de los niños, pues en el fondo también hay que poder ser como uno de ellos.
Gracias por tu ejemplo y por
darme fuerzas para seguir con alguno de los estudios tediosos de esta carrera y
gracias peques por hacerme sentir tan querida.


No hay comentarios:
Publicar un comentario