8 de marzo de 2015

Un mes inolvidable

Como un pequeño pajarito que intenta comenzar a volar, me sentía entusiasmada y a la vez nerviosa frente a ese abismal vacío que me suponía el cambio de rol dentro de un aula.

Decenas de ojos mirándome, pensando en cientos de preguntas hacia mi persona y cientos de expresiones en sus pequeñas caritas. Así comienza todo…. Primera toma de contacto, primer recuerdo, intentando retener sus caras y sus nombres en mi mente… ¡Qué difícil me parecía de aquella!

Cada paso, una voz a mi lado empujándome y animándome a abrir las alas aprovechando las corrientes de viento. Por cada demostración, una enorme sonrisa dibujaba mi cara, había tanta belleza en su vuelo, y me  resultaba tan fácil y natural posada yo en aquella silla…. Pero cuando tenía que ser yo quién me propulsara con mis pequeñas y temblorosas alitas ni se acercaba en lo que en ella se veía. ¿Cómo lo conseguiría?



Pasaban los días y cada pequeña carita me contaba una historia y a la vez su vida y su forma de ser y pensar… era tan agradable conocerlos y formar parte de sus días… hablaban, reían, participaban acertando y también errando sin problema… tenía tanto que aprender de ellos, y ahora que lo pensaba, ¿Cuándo había perdido yo aquella espontaneidad?.

Aquellos pequeños me dieron a lo largo de todo el mes clases de responsabilidad, sinceridad, compañerismo, cariño incondicional, alegría, dedicación, bondad y solidaridad; cada uno con sus peculiaridades y cada quién con su propia realidad. De todos he aprendido y seguro que en el aire perdí sin intención otras lecciones fundamentales.

¡Ya está!, ¡Era eso!... De nuevo volví la vista aquella pajarito que desde el principio me había animado incansablemente a volar, tenía que estar segura de que realmente era esa la clave, así que abrí bien los ojos, orejas… todos los sentidos alerta… ¡Si! Ahí estaba… frente a mis narices, esa era la llave que nadie te enseña ahí fuera y la que hasta entonces, no había entendido como imprescindible para mantener estables y fortalecidas mis alas… ¿Cómo había estado tan ciega? Era ese perfecto ciclo de Enseñanza-aprendizaje, ese feedback con los pequelos… esa era la clave para volar con aquella grandeza con la que cada día me impresionaba, y era con esa base con la que podía también disfrutar de la docencia y de ellos…. Sonreí de nuevo. Perdón por no haber estado más atenta!




Así, una vez terminado mi cuento, vuelvo a la realidad de aula y entiendo, con una nueva visión, los fallos con los que espero luchar algún día. Muchas cosas me quedarán por atender, quizá alguna de ellas, por desgracia, no las aprenda nunca, pero si sé algo, por fin y es que después de mis 26 años de vida y después de haber comenzado esta frase un centenar de veces, ya sé el final… “De mayor quiero ser”: como esa pajarito que compartió conmigo tantas horas y que me dedicó su atención, abriéndome cualquier puerta sin miramiento, aquella que me dejó disfrutar haciéndome creer cada día en mí y en la enseñanza, aportándome un ejemplo palpable de perfil docente al que yo ya daba por perdido en nuestra sociedad pensando que estaba a años luz de nuestras aulas de Primaria, aquella pajarito con la que reí y disfruté con y de los niños, pues en el fondo también hay que poder ser como uno de ellos.

Gracias por tu ejemplo y por darme fuerzas para seguir con alguno de los estudios tediosos de esta carrera y gracias peques por hacerme sentir tan querida.

Gracias por un mes inolvidable

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