Acalló la luz y allí estaba ella, en la sombras de una oscura habitación, murmurando su nombre entre lamentos. ¿Por qué dolía tanto una pérdida de algo que nunca se había tenido?. Si echaba la vista atrás, era capaz de ver todos esos años al lado de un "alguien" que nunca había conocido, y... quizá era eso lo que más le dolía.
-"Relájate, respira hondo, sólo es la rabia lo que aflora en ti en forma las lágrimas que sientes"- decía algo dentro de sí, para intentar apaciguar ese momento de una forma racional.
-¡NO PUEDO!- gritó con un quejido ensordecedor que hizo retumbar las paredes de la habitación. -NO PUEDO- repitió bajando el tono hasta casi un susurro -No puedo olvidarle, no quiero perderle, no así, no es justo, qui........- cada palabra ahogaba la anterior y parecían cada vez más difíciles de ser pronunciadas, la frase murió en sus labios, ahogada por su propio llanto.
Realmente aquella no era una situación sencilla, al contrario. Después de unos largos minutos, aquellas lágrimas se secaron, y su semblante se tensó frío y recio, apagando la luz de su mirada; encendió nuevamente la luz, de un salto se incorporó de la cama y cogió desesperadamente un boli y un cuarderno.
-"Querido Daniel!...."- comenzó a escribir temblorosa, mientras que por cada palabra su pulso se asentaba. -"No sé como has sido capaz de hacerte esto, de acabar así tu vida, de la única forma que detestabas, contra la que luchaste durante estos 23 años de vida. No puedo entenderlo"-. La muerte de aquel joven, víctima de sobredosis no era entendible a sus ojos, después de todo, su familia ya había perdido a su hermano en iguales circunstancias, y aquel, había sido el detonador para que un niño, aquel niño; que hoy yacía en el suelo de una fría habitación de hotel 10 años después; luchara disfrazado de guerrero, impulsado por su experiencia, contra el comportamiento de aquellos, que de forma natural, se burlaban de las posibles consecuencias que les podía conllevar el tema de las drogas y asumían como una experiencia insignificante más de vida.
-"Sólo soy capaz de verte peleando contra ellos, dialogando, trabajando con tu discurso su manera de ver el mundo, ayudando y aconsejando para que abrieran los ojos ante la realidad de la que no eran conscientes [...] Pienso en ti y veo tus ojos azules, como el más bello cielo de primavera, casi al alba, llenos de vida y luz, esa luz que me enamoró desde el primer día y me hizo cautiva mil y una veces del abismo de tu mirada. Ellos eran mis fuerzas, ¿sabes?, tú lo eras. No puedo imaginarme cómo has podido ser capaz de apagar su grandeza sin más, ¿por qué los has secado borrando su luz?, explícamelo, te lo exijo..."- Su mandíbula se cerró con fuerza y se apretó haciendo incluso chirriar los dientes, en un vano intento de contener las lágrimas, pero aún así, éstas de nuevo brotaron de sus ojos cansados, cayendo en picado hacia la muerte en aquella última carta, en aquella carta, la número 61 de su relación y que sabía que nunca podría ser remitida.
Suicidio, no podía dejar de pensar en esa palabra, no era otra cosa más que eso, nunca sería entendido de otra forma para ella. Pese a que en los últimos dos años Daniel le había demostrado ser una persona distinta a la que ella creía conocer desde su tierna adolescencia y tras haber pasado 4 años juntos, nunca hubiera apostado por aquel final, ni siquiera en la peor pesadilla hubiera cabido esa posibilidad, pero en cambio, así era. -"Agradezco no tenerte delante en este momento, porque, si así fuera te mataría yo con mis propias manos [...] Me hiciste creer en ti, ¿sabías eso?, pese a todo, tu fuiste mi gran amor, hoy día el daño ya había desaparecido y sólo quedaba en mi recuerdo lo bueno que habíamos vivido, las risas, las caricias, los juegos, los besos, el amor ése que sé que puedo apostar firmemente por su veracidad sin miedo a equivocarme... Ya era capaz de mirar atrás y sonreír, sonreírte, pues aún de lo malo que he vivido con o por ti, pude sacar algo en claro y aprender, pero, ésto... ésto no, me niego a que sea así como termines, a que sea así como acabe todo, a que mis últimas palabras a aquel primer amor, mi maestro, sean 'Para mí ya estás muerto', nunca pude solucionar eso, no había tenido el valor suficiente como para volver a hablarte, a hablarlo... No me abandones así ahora, no lo hagas... Quiero y necesito pedirte perdón por ello, quizá por eso haya comenzado esta carta..." -
La habitación estaba caliente, algo normal en aquella casa, pero ella no paraba de temblar y estremecerse. En su pequeño cuerpo, una guerra se hacía visible, su corazón, cual caballo desbocado, trotaba galopando sin tregua, destapando sentimientos que ya habían sido enterrados y su cabeza, fiel a sus principios y dignidad, no aceptaba pasar por el aro, mientras tanto, tristeza, soledad, dolor y miedo caminaban de la mano cantando una dolorosa nana que hacía insignificantes las discusiones entre las dos partes enfrentadas. -"Sólo dime qué debo hacer, ¿Cómo comportarme ahora?, después de todo este tiempo, de lo vivido, dime, una vez más necesito tu consejo".-
Recordaba aquello como si hubiera sido ayer, y hoy, después ya de 3 años; cuando pudo armarse del valor suficiente como para poder enfrentarse a aquella familia que un día sintió como suya, frente a aquella niñita, que ahora ya casi era una mujer y la cual portaba la esencia de la mirada de su hermano Daniel; se desplomó, las piernas no le sostuvieron acabó rendida en el suelo de aquel cuarto en el que tanto tiempo había pasado; poca cosa había cambiado, las cortinas no eran iguales y alguna foto de lo que él llamaba 'El muro del recuerdo' se habían caído por el tiempo y descansaban en una pila sobre el escritorio verde, si aquellas paredes pudieran hablar...; -Tranquila- le susurró Verónica acercándose a abrazar en el suelo a quién desde sus 11 años denominaba su hermanita postiza -Está todo bien, es normal, te dejaré tu tiempo- remató saliendo tras la puerta intentando contener las lágrimas.
Y allí seguía, después de varios minutos que parecían horas, las manos seguían temblándole y sus piernas aún no respondían, la mirada fija y perdida se fugaba entre las sombras borrosas que le producían las lágrimas ancladas en su córnea. Hacía ya 30 minutos había cruzado el umbral de la puerta principal y ahora estaba en el suelo del dormitorio, con 2 folios escritos de puño y letra de Daniel, para ella, una carta que nunca recibió y escrita pocos días antes de su muerte. Según Verónica, cuando su madre y ella pudieron reunir algo de valor, vaciaron el armario de aquella habitación y entre su ropa favorita la descubrieron, decidieron no tirarla y pensar en cómo hacérsela llegar, después de todo, era ella la destinataria, -Él lo hubiera querido así- le dijeron mientras, aprovechando el momento, se la dieron en mano.
-"Querida nana"- así empezaba su discurso escrito, hacía tanto que nadie la llamaba así... -"Te echo tanto de menos, he sido un completo estúpido y hoy lo veo, puede que nadie más me haya hecho tan feliz como tú, puede que nadie me amara con más fuerza e incluso; ésto te lo aseguro; nadie ha sido un apoyo tan fuerte como lo has sido tú, luchando por y conmigo incondicionalmente. Hoy veo que puedo decir que a tu lado VIVÍ, SENTÍ y AMÉ como nunca, que contigo fui YO y sin ti me veo perdido, nada más frente al espejo que un cuerpo sin alma. Lo peor y mi castigo es saber que nunca podré recuperarte, por todo el daño que he hecho y por la confianza que con mis propias manos he destruido, así que de algún modo, he de vivir con ello.
Ayer te vi, ibas con ese chico que ahora coge tu mano con firmeza y te hace tan feliz como para que cualquiera, en este caso yo, desde la otra acera, podamos ver la luz que emana de tus ojos. No me acerqué, fui un cobarde, pues sólo te haría daño y ambos sabemos que yo para ti... estoy muerto... ¿no es así?, pues hubiera sido tan desagradable como ridículo.
Juro que si se me concediera otra vida a tu lado o pudiera volver atrás sería yo el que aún siguiera sujetando tu mano al caminar y como críos, entre risas, jugáramos saltando las líneas de las baldosas de las aceras, sería yo quién para despertarte de esos respiros de silencio, que a veces necesitabas y denominabas como tus 'Kit-kats', le hablara, mi dama, como si estuviéramos en una época completamente diferente.
Te echo tanto de menos, y a la vez, tengo tanto miedo de estar recordando a alguien que ya no eres... temo haber destruido algo, por mínimo que fuera que significara que he destruido a esa criatura cuasi-perfecta, o imperfecta de la que estaba completamente prendado y que me hacía FELIZ. Tú, mi querida nana, te llevaste contigo a ése niño que era, contigo está ése alguien que era la piedra en la que podías apoyarte, ese soldado, ese que nunca estaría perdido, pues cual estrella polar, te guiaba. Es por ello que espero que nunca lo hayas olvidado, porque ése soy y ése fui siempre, tu me ayudaste a ser aquel superhéroe de viñeta, gracias a ti pude serlo.
PERDÓNAME nana, por haber sido tan estúpido de no haberlo visto hasta ahora [...] TE QUIERO AMOR; TE QUIERO NIÑA; TE QUIERO MUJER; TE QUIERO MADRE; TE QUIERO Y TE AMO.
Adiós para siempre, adiós como nunca. Adiós de corazón, siempre te llevaré conmigo"
PERDÓNAME nana, por haber sido tan estúpido de no haberlo visto hasta ahora [...] TE QUIERO AMOR; TE QUIERO NIÑA; TE QUIERO MUJER; TE QUIERO MADRE; TE QUIERO Y TE AMO.
Adiós para siempre, adiós como nunca. Adiós de corazón, siempre te llevaré conmigo"


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