Como me gustaría poder sentarme a
tu lado ahora mismo y escucharte hablar, aunque no diga nada, aunque ni
siquiera me puedas ver, callada, sólo quiero sentirte, verte y conocerte de
nuevo, con cada palabra, con cada sonrisa, con cada mirada; quiero despertar de
este sueño sin fin, quiero ser y estar, quiero poder probar tu cariño una vez
más, sé que me llenaría tanto…
Hoy al despertar, sentí que
estaba dispuesta a recordar, nada fácil si soy sincera, pues el recordarte
duele, la brecha más profunda y a la par la más liviana, ha sido la tuya; hasta
el momento casi no he llorado tu ausencia, pues aún y de algún modo, te siento
a mi lado; de todas formas, de vez en cuando mi cuerpo vuela por las noches hacia
ese lugar mágico y ahora sagrado, donde descansas y los ojos se me llenan de lágrimas.
En mi mente se repite una y otra vez aquel sentimiento de vacío, esa angustia,
ese grito ahogado al verte caer al agua, y juntarte con un golpe sordo a
aquella mar relajada que te esperaba cual cuna, para abrazarte, guardarte y
protegerte; mas en tierra… aquellas caras… aquellas almas que quisieran también,
esperar a que volvieras. Si pudiera volver, intentaría darles fuerzas, pues en
ese momento ni siquiera tenía las suficientes para sostenerme en pie; todos
queriendo ser fuertes por los que teníamos al lado, y sintiéndonos acogidos por
ellos mismos, sólo faltabas tú, y también estabas allí… fue así como entonces,
mirando al vacío, sobre una manta de rosas, nos despedimos, en silencio, con
dolor, pero con mucho amor; cada uno de nosotros pronunció para si un último y
dulce TE QUIERO y un duro y penúltimo ADIOS.

No hay comentarios:
Publicar un comentario