Cierro los ojos y de repente la nada se hace todo, el pasado vuelve y el presente se hace más doloroso, -"Mantente ocupada"- grita un duende bondadoso en mi interior; ¿Cómo hacerlo, si de la misma forma que me enfrento a mis trabajos, no soy quién de realizarlos?; los siento como montañas a las que debo trepar sin arneses ni cuerdas de seguridad, sobre las cuales resbalo, una y otra vez cuando estoy a medio camino de la cumbre, teniendo que reanudar la marcha con una magulladura más por cada caída.
¡Quién fuera pájaro para sobrevolar sus cumbres y pasar con facilidad cualquier problema!, así que, esta vez, con un poco más de intensidad, cierro los ojos buscando el poder de ese pájaro que sé que guardo, pero los cajones y las estanterías que componen mi mente se desploman, haciendo que inevitablemente las lágrimas broten al ver entre todos los papeles caídos situaciones que jamás viviré y deseos y sueños con quienes no podrán ser compartidos.
PUM, PUM.... PUM!, explota mi corazón salvaje, intentado ser tranquilizado por mi parte más racional y fría. Ahora ya todo está hecho, nunca ha sido fácil ganar la partida con esta mano. Está bien, lo acepto, pero entonces, ¿Qué se supone que debo hacer ahora?; miro a mi alrededor y otras caritas, contagiadas por mis sentimientos se han llenado de tristeza, dolor y preocupación. ¡No!, éste no es el camino.... Y de nuevo oigo al duende, esta vez con una voz desgarrada -"Confía en mi, hay aquí un gran manantial de fuerza con la que podrás dibujar la mirada que se necesite ver en cada momento, aunque el corazón se esté resquebrajando. Lo primero es proporcionar tranquilidad, nosotros, con esta fuente, podremos recuperarnos con el tiempo".

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