Y una vez más, él preguntó algo
que ella no supo contestar -¿Crees que
debería cortarme el pelo?- su corazón buscó una solución clara y real hacia
la situación que vivía en ese momento –¿Confías
en mí? – preguntó risueña. –Claro-
respondieron sus labios sin dudar – Pues
bien, por favor, haz cada una de las cosas que te pediré a continuación y
obtendrás tu respuesta- Accediendo sin dudar y con miles de preguntas sin
respuesta surcando su mente, el chico se dispuso a dejarse llevar hacia un
juego que le revelaría el más hermoso, real y compartido sentimiento que jamás
había sentido.
-Ponte en pie y dirígete hacia el baño, para situarte frente al espejo
con los ojos cerrados- mientras sus pasos encaminaban el pasillo, ella le
hacía sentir su cuerpo en cada movimiento hablándole de la sensación de peso de
sus pies al pisar, o de cuán conscientes podían ser cada uno de los pasos que
comenzaba.
Una vez allí, ella le ayudó a
centrarse frente al espejo y con una caricia en la nuca le susurró al oído –Necesito que sientas tu corazón, respires
profundamente cierra los ojos y cuando lo encuentres calmado, ábrelos despacio
para observar a la persona que tienes delante. ¡Busca en ella! Pues hay algo
que te tiene que transmitir… mira sus ojos, sus labios, su barba, contempla en
su interior e indaga, sin prisas, tómate el tiempo que necesites- Después
de unos segundos, que para él fueron eternos, ya que no entendía el sentido de
todo aquello, abrió los ojos, y oteó a aquel cuerpo que le pertenecía, primero
desde un perfil, después desde el otro, se tocó el pelo, la barba, se miró a
los ojos, apartó la vista buscándola y al fin respondió –Ya está, ¿y ahora? –Ahora has
de decirme qué viste-. Él cogió aire como si hubiera visto una señal del
cielo y expuso mirándose crítico al espejo –No
sé, que quizá sí debería cortarme el pelo, porque no me queda bien así con la
barba –Bien, y ¿Qué más viste?- cada
vez más desconcertado y sin ganas de
contestar, protestó –A mí-
pero, aun siendo ésa, una respuesta sencilla, ella la sujetó cual valioso
trofeo y preguntó –¿Ah si?, bien, háblame
de “Mí” –Pues le vi feliz, contento,
enamorado… - cada vez que una nueva palabra le venía a la boca para indicar
cómo había visto a ese “Mí” del espejo, dudaba más, acerca de si aquello le
ayudaría en su elección, al tiempo que a ella le hacía sonreír, pues estaba
obteniendo, exactamente, lo que necesitaba. –Lo que me acabas de decir es cómo se siente, pero… ¿Cómo es él? –Pues no ha cambiado mucho en estos años, es
como siempre, alguien que se preocupa por la gente que quiere, en ocasiones tan
bueno que hasta es malo, vergonzoso, no sé, no se me da muy bien esto- Ella
lo miraba con la dulzura con la que una madre mira a su primer hijo recién
nacido, mientras sentía que poco a poco a él le estaba invadiendo el pánico y
ya se había olvidado de la orden de mantener el corazón sereno. Le abrazó con
todo el amor del mundo y le dio las gracias por haber aceptado hacer aquello.
De vuelta a la habitación ella
explicó –Lo único que necesito ahora, es
que te sientes en la silla cómodamente, cierres los ojos, vuelvas a ser uno con
el compás del corazón y pienses en un “tu”, en ese “tu” al que amas, tómate
todo el tiempo que necesites, cuanto sea, da igual, yo seguiré aquí- Ella
no quiso mirar, quería que fuera libre de expresar y sentir a gusto en aquel
pseudosueño, en unos minutos, sus ojos se abrieron buscándola y con una sonrisa
cómplice, dijo –Ya pensé en ti- ella
alagada, pero sin querer salir de aquel juego, preguntó –¿Podrías hablarme de ella? –Claro,
lo primero que pasó cuando pensé en ti, fue sonreír, porque eres la persona más
especial de mi vida, pensé en lo fuerte que eres, aunque necesitas en ciertas
ocasiones apoyo y…. –Perfecto, es
suficiente- ¡No podía ser!, tenía que estar de broma, ¿Para qué le
preguntaba, si no le dejaba contarlo todo?... ¿ahora que tenía las palabras
adecuadas, le cortaba?, él no entendía nada.
Ella se acercó hasta sus piernas,
se agachó y buscando la luz de sus ojos, dio solución a aquel misterioso
experimento –Verás –dijo- Como ves, y no hace falta ser un genio para
darse cuenta, cuando hablamos, vemos o pensamos en nuestro “mi” nos cuesta ver
más allá de lo superficial, o descubrir algo diferente al reflejo que
proyectamos en el espejo, en cambio en el “tu”, lo primero que mencionamos son
los sentimientos, siéndonos una base más fácil y cómodo empezar y dejarnos
llevar. Pues bien, yo cuando te veo a ti, veo a mi “tu”, siento que soy muy
feliz, que estoy enamorada, me veo sonreír, veo que eres fuerte, aunque sé que
me necesitas en ocasiones, al igual que yo a ti… veo a la persona más especial
que he conocido, veo a mi alma gemela, y busco en su fondo, donde su bondad es
infinita y hace de colchón protector, tanto a los que
debería, porque le quieren, como a los que debería dejar caer en el suelo
porque no lo hacen. Veo un paraíso en su corazón, que es muy grande y hermoso,
veo amor, cariño, calor, comprensión, apoyo, ¡mi apoyo!, tanto físico como
moral. Le veo en esencia e intento buscar su alma para fundirla junto a la mía.
Juro, pues, por lo más sagrado, que no soy capaz de reconocer más que eso, pues
si tiene o no que cortarse el pelo, es algo tan superficial que solo su propio
“mi” podría ser capaz de contestarle. Sólo su “mi”, pues el mío, ve pelos
descolocados en su propio reflejo desaliñado, que para otro será su “tu”,
maravilloso y perfecto.

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