Si realmente creyera en eso de las medias naranjas, estaría ahora mismo frente a la mía, o por lo menos con lo que respecta a la estética y a la forma en la que ambos utilizamos nuestro tiempo en transportes infrahumanos.
Collar de trisquel celta, pulsera de cuero deshilachada, cazadora negra de cuero sobre sudadera gris con capucha, camiseta negra y pantalones vaqueros. Si tuviera cara de loca y pelo largo, me asustaría de mi propio reflejo viviente.
Es gracioso incluso el habernos sentado en a línea 10 de asientos del autobús, muertos de frío, pegados a ambas ventanas con carpeta en el regazo, papel y boli en la mano, buscando en el paisaje con la vista perdida en el cielo y entre los árboles, a una musa, hace tiempo perdida, que anhelamos recuperar; gracioso también el cruce de miradas extrañadas y analíticas hacia el otro, como si de una burla sin sentido se tratara; y graciosa, a la vez que tierna, la sonrisa cómplice que cruzamos después de una larga hora.
- Ey! Veo que a ti también te gusta escribir. O ... quizá estás estudiando - escucho muy bajito a través de los cascos del móvil, que me permitían, hasta entonces, con la música de Norah Jones, evadirme de todo este mundo- perdona si te molesto, pero ya no soy capaz de aguantar más aquí sentado observando como de evidentes son nuestras coincidencias y parecidos.... Emmm.... yo.... me llamo Julio, pero bueno, todos me llaman "Lí" - dijo extendiéndome la mano con la sonrisa más tierna que encontré a lo largo de mi vida.
- Yo... eeeehhhh....yooooo - mis palabras incapaces de salir con coherencia se atropellan y solapan en mi cabeza.
- Perdona, soy un desconsiderado, te he hecho perder el hilo de lo que hacías, seguro que era importante, lo siento - respondió con cara de decepción de vuelta a su asiento.
-¡¡¡NO!!!- grité sin pensar en aquel lugar infestado de gente. Cuando me dí cuenta de que todos aquellos pasajeros me observaban alarmados, reposé de nuevo sobre el asiento del que me había incorporado precipitadamente. Miré para Lí, que sonreía sereno en medio y medio del pasillo - Siéntate por favor, me llaman Loa- dije estrechándole la mano y ofreciéndole el asiento de mi acompañante.
Cuando se sentó pude ver sus ojos y comprobar aquel magnífico iris mermelada, una pequeña cicatriz en la ceja izquierda y unos labios tiernos y carnosos moviéndose suavemente mientras me hablaba.
Era una sensación tan extraña... estaba tan a gusto a su lado, casi como si ese fuera mi lugar, mi casa, como si el hecho de estar con él... me completara.
- To be continued -

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