15 de marzo de 2012

Cruda realidad


Encerrada entre estas cuatro paredes que son de carne y hueso, sólo existe en mí la alegría de poder soñar con aquello que anhelo, y extraño tanto como el volver a vivir como una niña.
Estoy cansada, cansada de esta soledad incómoda y de la monótona huida del tiempo, cuando no te tengo en mis brazos.
Hoy… otra noche, otra mañana, otra tarde… sé que no volverás, que el aire que te rodea, está tan lejano a mí que sería imposible imaginar, siquiera sus matices. Pero aquí seguiré esperando, tumbada en esta arena, la misma que una vez nos despidió, y frente a este mismo mar que te llevó y que un día mientras tus dedos dibujaban mi espalda desnuda, sentí que amaba, pero que hoy, huérfana de tu calor, siento que odio.
Oteo cada día el horizonte recortado de esta ciudad, que poco a poco se hace más grande al tiempo que yo me hago más y más pequeña recordando tus palabras “Volveré pronto, ¡te lo prometo!, una mañana cuando el sol esté en el inicio de su despertar, volveré a ti”…
¿Por qué no dejo ya de soñar?, ¿Por qué no puedo afrontar la verdad?, Me cuesta tanto aceptar que no volverás en pie sobre la popa de esa hermosa fragata que te llevó a una lucha que no era la tuya… Tengo tanto miedo a plantarle cara a la verdad… que hasta el último momento, hasta el segundo en el que me devuelvan tus resto, en una urna de metal, imaginaré y cambiaré el pasado, puedo hacerlo…solo debo recordar esos ojos llenos de vida empañarse por el miedo frente a la noticia de que su próximo destino será dar su vida por quienes nunca la darán por nada, ni por nadie, y cambiarlo…cambiar eso por una vida libre, entera y feliz juntos, y junto a esta criatura de mis entrañas, que pese a no haber nacido, y no haberte conocido, sé que también extraña tus caricias.

No hay comentarios: